lunes, 30 de agosto de 2010

Tu y yo.

Estirada en el sofá, acurrucada y tapada con la manta hasta la nariz. Viendo los copos de nieve caer por la ventana. Silencio. De repente, el sonido de la puerta hace que me mueva. Eras tú, con tu pelo despeinado, con tu cara de niño bueno, con tus ojos verdosos. Te acercaste a mi, sin pronunciar palabra. Acercaste tus labios a los míos, y me besaste. 
Te sentaste a mi lado, me dijiste te quiero y apoyé mi cabeza en tu hombro.
Y ahí estábamos los dos, acurrucados y durmiendo como dos niños pequeños en un día frío de invierno. 

domingo, 29 de agosto de 2010

Yo misma.

Llegó la hora de pensar en el futuro. De olvidar los malos recuerdos, y guardarme los buenos, porque al fin y al cabo esos son los que nos llevamos. Llegó la hora de ser fuerte, de no dejarme llevar. De saber defenderme sola, de depender de mi misma y no de los demás. De ser yo misma y no cambiar nunca, por que soy feliz tal y como soy. Estoy orgullosa de mi misma. No importa lo que piensen de mi, nunca cambiaré. 
Llegó la hora de gritar: ¡ASÍ SOY YO!

viernes, 27 de agosto de 2010

Ámame

Ámame como soy
Ámame para siempre
Ámame hasta el fin del mundo
Ámame hasta que me muera
Ámame como lo has hecho siempre
Ámame aunque la distancia nos extravíe 


Ámame



La barquita de Alan...

Alan era un chico soñador y aventurero. Cada mañana se montaba en su barquita de color azul, y se adentraba en la mar. Le gustaba escribir palabras y arrojarlas al agua. Le gustaba también, evadirse de la realidad y pensar que todos los problemas se fueron volando, que no había nada de que preocuparse. ¿Pero como dejar de preocuparse si tenia un alma aventurera? Tan solo la tenia para no caer en la falsa felicidad de algo estable, algo que tal vez se derrumbase con las nefastas consecuencias que se derrumba un castillo de naipes por un golpe de aire, estar hay, en una barca en medio del mar le permitía arrojar a este esas preocupaciones, vivir la vida con unas emociones mas regulares que la apoteosis felicidad o la oscura depresión, nunca lo comprenderían en un mundo tan radical, por eso pensó dejarlo todo en esa barca, ahí donde vivir era tan solo observar la vida, llegar a la perfeccionar de ser el su principio y fin, porque le dijeron que podía ser lo que quisiese en la vida, y decidió ser dios.




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Alan era un chico soñador y aventurero. Cada mañana se montaba en su barquita de color azul, y se adentraba en la mar. Le gustaba escribir palabras y arrojarlas al agua. Le gustaba también, evadirse de la realidad y pensar que todos los problemas se fueron volando, que no había nada de que preocuparse.
Un día Alan encontró una botella solitaria en medio del mar. Él se lanzó a cojerla y nado hasta ella. Cuando estuvo de vuelta en su barquita le quitó el corcho y leyó el papel arrugado:

Querido Alan:
Hemos recibido todos tus pequeños mensajes y nos han maravillado. ¿Crees que podrías hacernos alguna vez una visita? Prácticamente te conocemos del todo; a ti, a tu pequeña barquita y a todas vuestras aventuras. 

Atentamente, las sirenas del fondo del mar.

PD: Tráete algo para picar, hace mucho tiempo que no comemos otra cosa que sardinas.

Y así, Alan dejó a su barca plantada y se sumergió en el océano en busca de las sirenas… 



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miércoles, 25 de agosto de 2010

La chica que bailaba para sentirse bien.

Llegó el gran día. Lara, se encontraba nerviosa. Llevaba puesto el vestido azul que le tejió su abuela, su favorito.
Se hallaba en un gran escenario, de repente los focos se encendieron, los cuales dieron paso a la música.
Lara se sentía como pez en el agua... notaba que sus pies se movían solos, como por arte de magia. Miles de personas estaban atentos a sus pasos, a sus movimientos. No se escuchaba nada, solamente millones de notas que corrían por el teatro. - '
El último paso...- pensó. Salto y dio un gran giro, en ese instante todos los espectadoras aplaudieron a la vez.



- Gran actuación Lara. - le dijo un caza talentos. 
- Gracias, señor. - respondió la chica, con una voz tímida.
- ¿Has pensado en dedicarte a la danza profesional? - preguntó el hombre, muy interesado.
- Lo siento, yo no bailo por dinero. Bailo para sentirme bien. - explicó Lara.





martes, 24 de agosto de 2010

La Calle del amor

Disculpe señorita, ¿podría decirme dónde está la calle del amor?
- Por supuesto. Cruzas la calle de la amistad, giras a la derecha, dejas a un lado la del miedo y ahí está.
¿Y no hay dificultades para pasar la calle del miedo?
- No si tienes confianza en ti mismo. Saber que la vas a pasar, saber que puedes hacerlo, que eres un guerrero.






Robe un par de estrellas de tus ojos verdes.

Mi mundo

Mi habitación no consta de cuatro paredes, es mi mundo... paredes naranjas que me alegran la mañana, fotografías en los corchos, mis literas únicas y cómodas, Marilin Monroe, mi gran cuadro de Michael Jackson... mi silla de color rosamis libros, mis dibujos, mis cuadros, cada pared tiene algún recuerdo guardado, risas, llantos... multitud de ilusiones... pero también de miedos... te invito a pasar toda la vida en mi mundo.






- ¿Que escribes?
- Una carta a los reyes magos.
- ¿Y qué les pones?
- Que me regalen más felicidad.

Dos enamorados


Desperté, con la esperanza de encontrarte aquí, a mi lado durmiendo como un niño. Pero mi deseo no se cumplió, te busqué por toda la casa pero no te encontré. Me di cuenta de que mis ojos iban estallar en mil y una lágrimas, pero no quería, debía ser fuerte y continuar pensando que regresarías a mi. Encontré una nota que decía: Lo siento, de verás.. pero esto no puede continuar. La tristeza invadió mi cuerpo, pero no me di por vencida, marqué tu número en mi teléfono, pero no me contestabas... entonces pensé, y me dirigí, al colgador cogí mi chaqueta y me fui. 
Te encontré sabia que estarías allí, en tu lugar favorito. 
Me acerqué, y te susurré al oído: i'Vuelve conmigo'. Te giraste y me besaste, no té tus labios fríos rozar los míos.. y me dijiste: 'Lo siento, soy un imbécil'.

Me cogió de la mano, y volvimos a nuestra casita de recuerdos, juntos para siempre... siempre...

Sobre el agua

Volví a beber y me tumbé cuan largo soy en el fondo de mi barco. Permanecí así quizá una hora, quizá dos, sin dormir, con los ojos abiertos, con pesadillas a mi alrededor. No me atrevía a levantarme y, sin embargo, lo deseaba vivamente; minuto a minuto lo retrasaba. Me decía a mí mismo "¡Vamos, en pie!", y me daba miedo hacer un solo movimiento. Al final me levanté con infinitas precauciones como si mi vida dependiera del menor ruido que pudiera hacer, y miré por encima de la cubierta. Quedé deslumbrado por el espectáculo más maravilloso, más sorprendente que se pueda ver. Era una de esas visiones contadas por los viajeros que vuelven de muy lejos y a quienes escuchamos sin creerles.


La niebla que dos horas antes flotaba sobre el agua se había retirado poco a poco y acurrucado en las orillas. Y, al dejar el río completamente libre, había formado sobre cada orilla una colina ininterrumpida, de una altura de seis o siete metros, que brillaba bajo la luna con el soberbio resplandor de la nieve. De este modo no se veía nada más que el río laminado de fuego entre aquellas dos montañas blancas ; y arriba, sobre mi cabeza, se extendía, llena y ancha, una gran luna alumbradora en medio de un cielo azulado y lechoso. Todos los animales del agua se habían despertado; las ranas croaban furiosamente, mientras que oía, unas veces a un lado, otras al otro, la nota corta, monótona y triste, que lanza a las estrellas la voz cobriza de los sapos. Sorprendente-mente, ya no tenía miedo; estaba en medio de un paisaje tan extraordinario que las singularidades más fuertes no hubieran podido sorprenderme.



lunes, 23 de agosto de 2010

Felicidad

¿Qué hacer con todo lo que tengo dentro?


Un millón de miradas, multitud sonrisas... tantos besos como estrellas hay en cielo, infinidad de caricias, te quiero y cosas bonitas que solo puedo sentir hacia una persona, esa persona que es capaz de hacerme feliz, de hacer que me sienta la persona más especial del mundo, de hacer que mi sonrisa vaya de oreja a oreja y nunca se borre, de llevarme a la luna y nunca bajar de ella...








No te imaginas lo que me costó encontrarte...
 
Alcé mi mano, pero no fue suficiente, así que me puse de puntillas.. Tampoco fue suficiente, me subí en una silla, pero era inútil. Cogí la escalera de mi padre, reposé los dos pies en el último escalón, pero aún así no fue suficiente. Entonces, fue cuando me di cuenta, de que no podía tocar el cielo.

Me gusta

Me gusta la espuma del mar, dormir y soñar, la melodía que tiene un piano al tocarlo en notas agudas, me gusta el cielo, y la sensación de calor cuando me da el sol en la cara, la brisa, el sonido de las olas.. Las caricias, que me retiren el pelo, las sonrisas y las horas interminables hablando. Me gusta romper el papel de las líneas de puntos, chupar el “colacao” que se queda pegado en la cuchara, acercar la cara a los ventiladores y gritar, me gusta correr, sentirme libre, me gusta explotar burbujas y que suenen como una tormenta, me gusta reír, los colores, coger la nata con el dedo, escribir en cualquier sitio, servilletas, cuadernos, cristales empañados, manos, paredes…
Me encanta evadirme de mi realidad durante muchas horas, los cuentos que acaban bien y los que no, los corazones dibujados en los árboles, el olor a primavera, y a gasolina, a nuevo y a papel. El olor de muchas comidas, de las personas, el olor a la lluvia y el café recién echo y a tostadas… Los atardeceres y ver amanecer. Abrir un libro y ver fotografías viejas, o recuerdos como entradas de cine, las cosas pequeñas y los detalles. No me gustan las marcas pero sí las señales, me gusta ser niña y adulta a la vez. No me gusta crecer ni tomar decisiones, me encanta el silencio y la música. Me gustan las cosas clásicas y antiguas pero a la vez lo moderno. 

Me gustan las noches, ver la luna desde el jardín, los gatos, un “te quiero", un abrazo inesperado, ver sonreír a un amigo, el aullido de un lobo, los viernes, las nubes, las estrellas, el chocolate, las mariposas en la tripa, despertar, la nieve, el fuego, dormirme en el sofá, viajar, la bebida con gas, los chicles de menta, las cosquillas, la hierba mojada, el agua, las plumas, el viento, los campos, las vacas, los ojos de las personas,los ositos de peluche, las gomas de borrar, el número 10, el miedo, el pánico, la adrenalina, las tormentas, la arena, saltar, una cremallera que se baja lentamente, los escalofríos…