Aquél día decidí hacerlo. Decidí bañarme en el mar, con la posibilidad de adentrarme en mar abierto. Y así lo hice, me quité la ropa y me acerqué a la orilla y me metí en el agua congelada, me estiré como si estuviera muerta y deje que las olas hicieran su trabajo. Notaba el agua en mis oídos, era una sensación extraña ya que estaba a la vez dentro y fuera del agua. De repente decidí abrir los ojos para ver dónde estaba. Mire hacia un lado y hacia el otro y no había rastro de la playa, ahora recordé que me deje mi collar en tierra, mi collar de la suerte. Suponía que alguien se lo encontraría y obviamente se lo quedaría. Tenía hambre y sed.
De repente noté arena en mis pies y abrí los ojos, en efecto estaba en una playa.
Y raramente era la misma que antes. Fui a buscar mi collar, pero ya no estaba allí. Aunque por si acaso me puse a buscarlo. De repente escuché una voz detrás de mi.
- ¿Que buscas? - preguntó el chico.
- Mi colgante de la suerte - respondí, con voz tímida.
- Oh, puede que sea este - me dijo, mientras buscaba por su bolsillo.
- ¡Sí, ese es! Muchas gracias - dije.
Continuará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario